Existen algunas frases que cuando los hijos las escuchan, pueden tener el efecto contrario al que sus padres esperan.
Un monosílabo muy común popular es “no”. Es una palabra usada tan a menudo y en tantas situaciones, que los niños pueden confundir su significado. Además, todos sabemos que lo que más llama la atención a los hijos es lo que tienen prohibido.
El refuerzo positivo sustituye el “no”. Por ejemplo, en vez de pedirle que “no” salte sobre la cama, los padres deben decirle que la cama es solo para dormir o pedirle que haga otra cosa.
Otra frase de adultos en “ya veremos”. Es común que los padres la utilicen cuando van a negar a sus hijos lo que piden o cuando no tengan tiempo de detenerse un momento a atender sus peticiones.
El efecto de la frase “ya veremos” en los hijos es negativo porque se volverán insistentes y terminarán por colmar la paciencia de los adultos. Es preferible decirle que se hablará sobre ello más tarde.
Las amenazas nunca son buenas para los hijos. Lo mejor es pronunciar las amenazas solo cuando los pequeños están a punto de cruzar el límite y si no se detienen, los adultos hagan algo.
Si los hijos escuchan muchas amenazas y no hay acciones, luego no creerán que sus padres actuarán.
Los padres deben limitar las frases anteriores para que los hijos no se confundan y entiendan el significado de cada una de ellas.
Los niños necesitan que los padres los traten con respeto y con mucha paciencia. A fin de cuentas, son niños.

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