La adolescencia significa para las mujeres la oportunidad de jugar con un poder de seducción, ensayando de algún modo su futuro como adultas, pero con un importante componente lúdico: el de juego.
Cuando se cuenta con una madre joven, quizá apenas superados los 40 años, existe un alto riesgo de competencia y rivalidad entre madre e hija.
Suele ocurrir, en estos casos, que la madre intenta acaparar toda la atención de los demás, incluidos los amigos de su hija adolescente.
Estos casos de competencia entre madre e hija suelen darse con mujeres que cuidan su figura y se mantienen en una lucha constante contra el paso del tiempo. Es posible además que la rivalidad se produzca por la ropa, las actividades que realizan y hasta las parejas.
Este nivel de competencia y rivalidad, si no se toman cartas en el asunto, puede volverse conflictivo y afectar la relación madre e hija. Y es que, cuando la primera pretenda ponerle límites a la segunda, le resultará muy difícil, dado que puede perder autoridad.
Por su parte, si la hija adolescente necesita contención o un consejo, es probable que no recurra a su madre porque le ha perdido la confianza e incluso el respeto.
Conviene analizar si existe o no competencia y rivalidad entre madre e hija para no afectar el vínculo familiar, el cual debe estar por encima del egoísmo o la mirada de los demás.

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