
Los frutos del bosque se convierten en clásico gastronómico
Desde hace un largo tiempo, no sorprende a nadie la aparición de nuevos productos en base a frutos del bosque. Sin embargo, no todos conocen qué son exactamente. Según los expertos, se trata de frutas pequeñas y comestibles que tradicionalmente no se cultivaban sino que crecían en forma silvestre en los bosques de bajas temperaturas. Durante la Edad Media era común que los señores feudales pagasen a sus vasallos para realizar la recolección y así disfrutar de los placeres de la naturaleza.
En la actualidad, su cultivo permite aprovechar mejor sus numerosas cualidades. Son fuente importante de vitaminas, minerales y antioxidantes. Además, su versatilidad les permite formar parte de preparaciones dulces o saladas. Integran ensaladas, sirven de guarnición o salsa en platos de carnes, saborizan batidos, yogures y helados y pueden ser el corazón de los más apetitosos y suculentos postres.
Pero, como su nombre lo indica, no se trata de una sola especie y la combinación puede cambiar de acuerdo a la zona en la que los adquiramos. Las que aparecen más frecuentemente son las grosellas (roja, negra o blanca), las moras, las zarzamoras, las frambuesas y las endrinas junto a una amplia variedad de pequeñas delicias que dan el toque de dulzura y acidez que marca la diferencia a la hora de cocinar. Los frutos del bosque ya no son un secreto exclusivo de los duendes.












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